Hay un detalle que aparece mucho en las revisiones que hacemos y que casi ningún paciente ha notado. Los bordes de los dientes de delante, que deberían tener una forma ligeramente ondulada, están planos. Como cortados a la misma altura en una línea casí perfecta.
Eso es desgaste dental, y para cuando se ve así lleva años ocurriendo. No ha dolido en ningún momento, no ha habido ninguna señal de alarma y el esmalte que se ha ido no va a volver, porque el esmalte es el único tejido del cuerpo que no se regenera. Una vez se pierde, se pierde.
La parte buena es que el desgaste se puede frenar casi siempre, y que cuanto antes se haga, más barato y más sencillo resulta. La diferencia entre actuar hoy y actuar dentro de diez años suele ser la diferencia entre una férula de descarga y reconstruir media boca. En este artículo te explicamos los cuatro tipos de desgaste que existen, cómo reconocer cuál es el tuyo, qué papel juega el bruxismo en todo esto y qué se puede hacer en cada fase.
El desgaste dental es la pérdida progresiva de tejido del diente, empezando por el esmalte, por causas que no son la caries. Es decir, no se trata de una bacteria que agujerea el diente, sino de que la superficie se va perdiendo poco a poco por fricción, por ácidos o por fuerza mecánica.
Hasta cierto punto es normal. Todos perdemos algo de esmalte con los años, y a los sesenta ningún diente tiene la forma que tenía a los veinte. El problema aparece cuando ese desgaste va mucho más rápido de lo que corresponde a la edad.
Lo que conviene entender es qué hay debajo. El esmalte es la capa exterior, la más dura y la única que no tiene terminaciones nerviosas. Debajo está la dentina, más blanda, más amarilla y sí sensible. Por eso un desgaste avanzado trae dos cosas a la vez, los dientes se ven más amarillos porque se transparenta la dentina, y empiezan a doler con el frío porque esa dentina ya no está protegida.
Y el dato que lo cambia todo. El esmalte no se regenera. El hueso se regenera, la encía cicatriza, la piel se repara. El esmalte no tiene células capaces de reconstruirlo. Lo que se ha perdido solo se puede reponer con material artificial.
No todo el desgaste es igual ni se trata igual. Clínicamente se distinguen cuatro tipos, y saber cuál es el tuyo determina todo lo demás.
Es el más frecuente y casi siempre tiene el mismo origen, el bruxismo. Apretar o rechinar los dientes, sobre todo de noche, somete al esmalte a una fricción para la que no está diseñado. Durante el sueño la fuerza de la mandíbula no tiene el freno que tiene cuando estás despierto, y por eso una noche de bruxismo desgasta más que un día entero masticando.
Cómo reconocerlo. Los bordes de los incisivos se ven planos, las cúspides de las muelas pierden su relieve y, si cierras la boca, las superficies desgastadas de arriba encajan exactamente con las de abajo. Esa coincidencia es la firma de la atrición.
Lo provoca algo que roza el diente desde fuera, y en la mayoría de casos ese algo es el cepillo. Cepillar con fuerza, en horizontal y con cerdas duras va desgastando el cuello del diente, justo en la zona donde el esmalte es más fino. También lo provocan hábitos como sujetar objetos con los dientes o morder bolígrafos.
Cómo reconocerlo. Aparecen muescas en forma de cuña en el cuello de los dientes, cerca de la encía, con frecuencia acompañadas de encía retraída en la misma zona. Suele ser más marcado en el lado contrario a la mano dominante, porque es donde más presión se hace al cepillar.
Aquí no hay fricción, hay química. El ácido disuelve el esmalte directamente. Puede venir de fuera, con refrescos, cítricos, vinagre, bebidas isotónicas o vino, o de dentro, con reflujo gastroesofágico o vómitos repetidos.
Cómo reconocerlo. La superficie del diente se ve lisa, brillante y como redondeada, sin aristas. Los bordes de los incisivos se vuelven translúcidos, casi transparentes. Es el tipo de desgaste que más sorprende al paciente, porque no hay ningún hábito evidente que lo explique.
Un apunte práctico. Después de una comida ácida conviene esperar al menos media hora antes de cepillarse, porque el esmalte queda temporalmente reblandecido y cepillar en ese momento se lleva por delante más tejido del que debería.
El menos conocido. Una mordida descompensada hace que la fuerza al masticar llegue al diente en un ángulo inadecuado, y esa flexión repetida acaba fracturando el esmalte en la zona del cuello.
Cómo reconocerlo. Lesiones en forma de cuña en el cuello del diente, parecidas a las de la abrasión pero con bordes más marcados, y casi siempre en dientes concretos en lugar de en toda una zona. Suele convivir con el bruxismo, y la ortodoncia forma parte del tratamiento cuando el origen es una mordida mal ajustada.
En la práctica rara vez hay un tipo puro. Lo habitual es encontrar atrición por bruxismo combinada con abrasión por cepillado, o erosión que acelera un desgaste que ya existía. Por eso el tratamiento no empieza eligiendo técnica, empieza identificando qué combinación tienes.
El desgaste avanza sin dolor, así que hay que buscarlo activamente. Estas son las señales, ordenadas de más temprana a más tardía.
El tratamiento tiene dos partes y, como pasa con las encías, el orden importa. Primero se frena la causa. Reponer sin haber frenado es tirar el dinero, porque el material nuevo se desgasta igual que el diente original, y a veces más rápido.
Una vez frenada la causa, se repone el tejido perdido. La técnica depende de cuánto se haya perdido, y aquí es donde se ve la curva de coste con claridad.
No. El esmalte es el único tejido del cuerpo sin capacidad de regeneración, porque no contiene células vivas que puedan reconstruirlo. Lo que sí se puede hacer es remineralizarlo en fases muy iniciales, con flúor o con pastas específicas, que refuerzan el esmalte que todavía queda. Lo que ya se ha perdido solo se repone con composite, carillas o coronas.
No mientras avanza, y ese es el motivo de que se detecte tan tarde. El esmalte no tiene terminaciones nerviosas, así que su pérdida es indolora. El dolor o la sensibilidad aparecen cuando el desgaste ha llegado a la dentina, que es la capa de debajo, y para entonces el proceso lleva años en marcha.
Sí, es el tratamiento de referencia. No elimina el bruxismo, que tiene un componente nervioso y de estrés, pero interpone una superficie que se desgasta en lugar de tus dientes. Hay que usarla todas las noches y renovarla cuando se deteriore, porque una férula muy desgastada deja de proteger.
Probablemente no, y conviene saberlo antes de gastarse el dinero. Si el tono amarillento se debe a que el esmalte se ha afinado y se transparenta la dentina, blanquear no cambia nada, porque el color no está en una mancha superficial sino en la capa de debajo. En esos casos la solución pasa por reponer tejido con composite o carillas.
Sí, y de hecho es una de las indicaciones más habituales. Tiene una ventaja añadida, y es que en un diente desgastado suele hacer falta tallar muy poco o nada, porque el espacio que normalmente habría que crear ya lo ha creado el propio desgaste. Lo que no se puede es colocarlas sin haber frenado antes la causa, porque la carilla acabaría fracturándose igual que se fracturó el diente.
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